Soñaba en los caballeros del Pilar y la nueva evangelización

Ante un nuevo curso es frecuente y hermosa la oración como “un soñar junto al Señor”. Os aseguro que es una de las formas más bellas de orar: animados por el Espíritu, en presencia del Padre, de la mano de Jesucristo y junto a la Virgen del Pilar, pasar largos ratos adentrándose en los sueños y proyectos que Dios tiene para nosotros. La mirada a los hombres, a sus necesidades y carencias, así como la voz de la Iglesia, también son buenas compañeras en esta oración.

Queridos Caballeros del Pilar, en muchos momentos así he orado pensando en vosotros. Fruto de ello es este pequeño sueño que comparto con vosotros:

Soñaba que los Caballeros del Pilar, como ocurre en nuestra basílica, siempre debían estar en obras, buscando asentarse sobre terreno firme, construyendo su identidad sobre la roca de la voluntad de Dios, sobre Cristo y su Evangelio, y así ir siendo tallados como piedras vivas en la Iglesia diocesana, que, desde el Pilar, junto a la Virgen, como en su día Santiago y sus primeros conversos, se lanzaran con bríos a realizar la Nueva Evangelización a la que nos convocaba la Iglesia en este hoy que nos toca vivir, marcado por un retroceso de la fe y una pérdida de la sensibilidad cristiana.

Soñaba que así como para la Iglesia le va la vida en la Evangelización, los Caballeros del Pilar, con su gran potencial numérico, unidos a las Damas de la Corte de Honor, junto a María, como un día en el Cenáculo, se dejaban invadir por el Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés y asumían la responsabilidad de compartir con los hombres y mujeres de hoy la fe en un Dios misericordioso, fuente de vida y amor, fuente de la nueva humanidad.

Soñaba que al servicio de esta hermosa tarea nos llamaba el dueño de la viña, y nosotros, jornaleros, convocados en todas las horas y con todo tipo de carismas, asumíamos con gozo esta misión, pues descubríamos que esta era nuestra identidad profunda y el mayor deseo de nuestra Virgen, en cuyo regazo nos sentíamos seguros y lanzados a compartir el don de la fe con tantas personas que lo están buscando, muchas de ellas suelen pasar por el Pilar, al que sienten de alguna manera su casa, buscando no saben bien el qué.

Soñaba que los Caballeros del Pilar, junto al Cabildo, descubrían las muchas posibilidades que encierra la Basílica para realizar la acción evangelizadora que nos demanda la Iglesia Diocesana, pasando de la “práctica devocional” a la “pastoral de la peregrinación”, aprovechando la capacidad de convocatoria que tiene nuestra Virgen del Pilar. Esto nos implicaba cuidar la acogida de los millones de personas que vienen a ver a la Virgen y tratar de descubrir y sintonizar con las preguntas y búsquedas de las personas que vienen para poder ofrecer una respuesta, sencilla y grata, a todas estas demandas.

Soñaba que los Caballeros del Pilar con su disponibilidad, su formación cristiana permanente y ofrecida desde la Asociación, su oración-vela junto a la Virgen, asumían dentro de la Basílica, con alegría y espíritu fraternal, cada uno según los dones que Dios le ha dado, la” pastoral de la amabilidad” en las acogidas de los peregrinos, la “pastoral de la escucha”, la colaboración en la “ pastoral litúrgica”, la potenciación del ambiente de respeto y recogimiento en el templo y la unidad y coordinación con la pastoral diocesana y parroquial.

Soñaba que todo esto, y mucho más, era posible, que ya en este curso debíamos lanzarnos a esta misión, paso a paso, con mucha ilusión, dispuestos a cambiar en los que tengamos que cambiar, y que la Virgen del Pilar, estrella de la Nueva Evangelización, se comprometía a estar junto a nosotros, como columna, como lo estaba con los apóstoles en el Cenáculo, en primera fila, pues ella sabe muy bien la cantidad de posibilidades que ofrece su casa de Zaragoza. Sin salir a buscarlos, muchas personas, por diferentes motivos vienen a verla, y ella desea que todos se lleven algo del Evangelio de su Hijo.

Soñaba que los Caballeros del Pilar, como en sus comienzos, llenos del Espíritu, decían ¡adelante! con esta nueva misión que Jesús nos encomienda y escuchaban en lo más hondo de su corazón “no tangáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad personal y asociativa. El Padre os ha otorgado vivir en este momento de la historia para que gracias a vuestra fe, hecha compromiso y entrega, siga resonando el Amor Misericordioso de Dios en toda la tierra”.

Soñaba que este sueño se hacía realidad, y que todos los Caballeros, como si de un maratón se tratara, empezaban este curso la carrera, salían a por todas, en comunión unos con otros, sin pensar en recompensas, dejando tras de sí estelas de alegría, de unidad, de esfuerzo ilusionado e ilusionante, capaz de alentar a los que dicen “ no puedo más y aquí me quedo”, haciéndose compañeros de fatigas de todos aquellos caminantes que se vayan encontrando en las naves de la casa de la Virgen del Pilar.

Así yo soñaba….¿ sería algo de todo esto el sueño de Dios para esta querida Asociación?

Jesús Dominguez Longás-Director Espiritual