Meditación mayo 2018

Queridas Damas y Caballeros:

En el mes de mayo, os invito a meditar la Exhortación Gaudete et exultate, del Papa Francisco, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

En la exhortación “Alegraos y regocijaos”, el Papa Francisco explica el camino cristiano de la santidad, que se propone para todos y del que hemos de ser especialmente conscientes.

Comienza la exhortación con aquellas palabras de Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa: “Alegraos y regocijaos” (Mt 5,12). “El Señor lo pide todo, y ofrece la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. Recuerda el Santo Padre que, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, la llamada a la santidad. Así se lo propuso el Señor a Abraham: “Camina en mi presencia y sé perfecto” (Gn 17,1).

No pretende el Papa presentar un tratado sobre la santidad. “Su objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió “para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1,4).
Los santos nos alientan y acompañan. En la carta a los Hebreos se mencionan distintos testimonios que nos animan a que “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca” (12,1). Se habla de Abraham, de Sara, de Moisés, de Gedeón y de varios más (cf. 11,1-12,3) y, sobre todo, se nos invita a reconocer que tenemos “una nube tan ingente de testigos” (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta.
Entre ellos, afirma el Papa, “puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor”.

Recuerda que los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión. “Lo atestigua el libro del Apocalipsis cuando habla de los mártires que interceden: “Vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia?” (6,9-10). Podemos decir que “estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios […] No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce”.
Seguidamente habla el Romano Pontífice de los santos de la puerta de al lado. “No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque “fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente”. “El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo… nadie se salva solo”.

Le gusta al Papa “ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad “de la puerta de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, “la clase media de la santidad”.

Queridas Damas y Caballeros, no olvidéis que, como dice San Josemaría en Camino, 817: “La santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de cada instante”.

Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.