MEDITACIÓN MESES AGOSTO Y SEPTIEMBRE 2018

Queridas Damas y Caballeros: En los  meses de agosto y septiembre, continuamos meditando   la Exhortación Gaudete et exultate, del Papa Francisco, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

En este camino de santidad, indica el Papa: “Ponte con Dios, haz camino con Él, mejora poco a poco”. La gracia “no nos hace superhombres de golpe”. “De ordinario, nos toma y transforma de forma progresiva”.

Enseña San Agustín: “Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas”; o a decirle al Señor humildemente: “Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”.

La clave está, dice Papa Francisco, en ponernos cerca de Dios y dejarnos transformar poco a poco por Él. Si no ponemos distancias frente a Dios y vivimos en su presencia, “podremos permitirle que examine nuestro corazón para ver si va por el camino correcto. Así conoceremos la voluntad agradable y perfecta del Señor y dejaremos que él nos moldee como un alfarero”.

Lo primero es pertenecer a Dios. “Se trata de ofrecernos a él, que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros”.

Recuerda el Santo Padre que nos justifica la gracia, no las obras. “La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa. Los Padres de la Iglesia, aun antes de san Agustín, expresaban con claridad esta convicción primaria. San Juan Crisóstomo decía que Dios derrama en nosotros la fuente misma de todos los dones antes de que nosotros hayamos entrado en el combate. San Basilio Magno remarcaba que el fiel se gloría solo en Dios, porque “reconoce estar privado de la verdadera justicia y que es justificado únicamente mediante la fe en Cristo”.

Citando al II Sínodo de Orange afirma: “Aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo”. El Concilio de Trento destacó la importancia de nuestra cooperación para el crecimiento espiritual, y  reafirmó aquella enseñanza dogmática: “Se dice que somos justificados gratuitamente, porque nada de lo que precede a la justificación, sea la fe, sean las obras, merece la gracia misma de la justificación; “porque si es gracia, ya no es por las obras; de otro modo la gracia ya no sería gracia”.

Los mismos santos “evitan depositar la confianza en sus acciones”. Afirma  Santa Teresita de Lisieux: “En el atardecer de esta vida me presentaré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos”.

Se pregunta el Romano Pontífice: “¿Cómo ser un buen cristiano? Con las Bienaventuranzas”.

El Papa dedica todo un capítulo a comentar cada bienaventuranza de Jesús, una guía para la vida cristiana, “muy a contracorriente respecto a lo que es la costumbre”. “Santidad es: ser pobre de corazón, ser manso (aunque piensen que eres tonto o débil), llorar con los demás, buscar la justicia con hambre y sed, mirar y actuar con misericordia…, mantener el corazón limpio de lo que mancha el amor, aceptar que el Evangelio nos traiga problemas, sembrar paz”.

Sigue preguntando: ¿Ser santo?  Y pide una “sana y permanente insatisfacción” en la acción por el bien. Recuerda que los  obispos de Canadá, en una carta abierta al Parlamento en 2001, sobre “El bien común, o exclusión: una elección para los canadienses”,  lo expresaron claramente mostrando que no se trata solo de realizar algunas buenas obras, sino de buscar un cambio social: “Para que las generaciones posteriores también fueran liberadas, claramente el objetivo debía ser la restauración de sistemas sociales y económicos justos para que ya no pudiera haber exclusión”.

Dama, Caballero, no lo olvides: Dios te quiere santa, te quiere santo.

Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.