MEDITACIÓN MES DE NOVIEMBRE 2018

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de NOVIEMBRE, seguimos meditando   la Exhortación Gaudete et exultate, del Papa Francisco, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Alerta el Santo Padre de los riesgos de la cultura de hoy contra la vida cristiana: “la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita;  la negatividad y la tristeza;  la acedia cómoda, consumista y egoísta;  el individualismo,  y tantas formas de falsa espiritualidad, sin encuentro con Dios, que reinan en el mercado religioso actual”.

Papa Francisco habla de la necesidad de ser humilde. Afirma: “La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. Si tú no eres capaz de soportar y ofrecer algunas humillaciones no eres humilde y no estás en el camino de la santidad”. Se trata de un camino para imitar a Jesús y crecer en unión con Él. Es “una gracia que necesitamos suplicar”.  También nos anima a desear y procurar el bien de los que nos caen peor, alegrándonos de que reciban bienes.

Explica que hay “momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural”.  Añade que “el mal humor no es un signo de santidad”.  Nos propone rezar con la oración de Santo Tomás Moro: “Concédeme, Señor, una buena digestión y también algo que digerir… dame, Señor, el sentido del humor”.

“Ser santos implica  ejercer la “parresía”, palabra griega que significa audacia libre y fervorosa. Así eran Jesús y los apóstoles”. “Miremos a Jesús: su compasión entrañable no era algo que lo ensimismara, no era una compasión paralizante, tímida o avergonzada como muchas veces nos sucede a nosotros, sino todo lo contrario. Era una compasión que lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para enviar a sanar y a liberar. Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión”.

Alerta el Papa: “Despertad”.  “Dejemos que el Señor venga a despertarnos” de  “nuestra modorra, a liberarnos de la inercia”. “Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida. Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante”.

En oración constante. La santidad “está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración”.  Afirma Su Santidad: “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos”.

Cita a San Juan de la Cruz, que recomendaba “procurar andar siempre en la presencia de Dios”.  Y aconseja a un religioso para alcanzar la perfección: “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a él su corazón”.

En el camino de santidad,  “son necesarios algunos momentos solo para Dios, en soledad con él”. Para santa Teresa de Ávila la oración es “tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”.  Todos  “tenemos necesidad de este silencio penetrado de presencia adorada”.  Ruega el Papa  que  “no entendamos el silencio orante como una evasión que niega el mundo que nos rodea.

Damas, Caballeros: Cuidemos, cada día, algunos momentos solo para Dios, en soledad con Él.

Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.