MEDITACIÓN MES DE DICIEMBRE 2018

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de DICIEMBRE, seguimos meditando la Exhortación Gaudete et exultate, del Papa Francisco, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

El demonio no es un mito. Cuidado con el demonio. El Papa Francisco dedica el capítulo quinto de Gaudete et exultate a la lucha contra el demonio y sus engaños, y exhorta a usar el discernimiento contra él. La vida cristiana es un combate permanente. Para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio se requieren fuerza y valentía.

No se trata solamente, según el Pontífice,  “de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo”. Tampoco se reduce “a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás)”. Es también “una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal”.

Afirma el Santo Padre “la convicción de que este poder maligno está entre nosotros, es lo que nos permite entender por qué a veces el mal tiene tanta fuerza destructiva”. La presencia del demonio se encuentra ya en la primera página de las Escrituras.

Jesús quiso que  terminemos el  Padrenuestro pidiendo al Padre que nos libre del Mal. “La expresión utilizada allí no se refiere al mal en abstracto, su traducción más precisa es “el Malo”. Indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseñó a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine”.

Alerta Papa Francisco: no pensemos que la existencia del demonio “es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque “como león rugiente, ronda buscando a quien devorar” (1 P 5,8).

Nos anima el Papa a estar despiertos y confiados. La Palabra de Dios nos invita claramente a “afrontar las asechanzas del diablo” (Ef 6,11) y a detener “las flechas incendiarias del maligno” (Ef 6,16).

Nuestro  camino hacia la santidad es una lucha constante. Advierte Su Santidad: “Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad”.

Para este combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: “la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero. Si nos descuidamos nos seducirán fácilmente las falsas promesas del mal”.

El mejor contrapeso ante el mal  es “desarrollar el bien, la maduración espiritual y el crecimiento del amor”.  En palabras del  Vicario de Cristo, “nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella. Menos aún si cae en un espíritu de derrota, porque “el que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos… El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal”.

Queridas Damas y Caballeros: No perdamos de vista que “el camino de la santidad es una fuente de paz y de gozo que nos regala el Espíritu”, y al mismo tiempo, requiere que estemos “con las lámparas encendidas” y permanezcamos atentos: “Guardaos de toda clase de mal”. “Estad en vela”. “No nos entreguemos al sueño”.

Pongamos los medios para no caer en la tibieza y promovamos el deseo de ser santos. Os deseo Feliz y Santa Navidad.

Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.