MEDITACIÓN MES DE ENERO 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de ENERO, meditamos  sobre el discernimiento en la Exhortación Gaudete et exultate del Papa Francisco sobre la llamada a la santidad en el mundo actual.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Pregunta el Santo Padre: ¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo?  Responde: “A través del discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, sino que es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, podremos crecer en esta capacidad espiritual”.

Hoy día, el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario. Porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. “Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento”. San Pablo nos dice (1 Ts 5,21): “Examinadlo todo; quedaos con lo bueno”.

Advierte el Papa que el discernimiento “no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial, sino que es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante”. El Santo Padre pide a todos los cristianos “que no dejemos de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero examen de conciencia”.

Recuerda que el discernimiento es una gracia. Aunque incluye la razón y la prudencia, las supera, “porque se trata de entrever el misterio del proyecto único e irrepetible que Dios tiene para cada uno”. Está en juego “el sentido   de mi vida ante el Padre  que me conoce y me ama, el verdadero para qué de mi existencia que nadie conoce mejor que él”. El discernimiento conduce “a la fuente de la vida que no muere, es decir, conocer al Padre, el único Dios verdadero, y al que ha enviado: Jesucristo.

Si bien el Señor nos habla de modos muy variados: en el trabajo, a través de los demás, y en todo momento, “no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje”.

Podría ocurrir, como advierte Su Santidad, “que en la misma oración evitemos dejarnos confrontar por la libertad del Espíritu, que actúa como quiere”. No olvidemos “que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas”. Así estaremos realmente disponibles para acoger un llamado que rompe nuestras seguridades, pero que nos lleva a una vida mejor. Puede ocurrir que Dios nos esté ofreciendo algo más, y por nuestra distracción no lo reconozcamos. La actitud de escucha implica obediencia al Evangelio como último criterio, y al Magisterio que lo custodia, “intentando encontrar en el tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de la salvación”.

Condición esencial para el progreso en el discernimiento es “educarse en la paciencia de Dios y en sus tiempos, que nunca son los nuestros”. “También se requiere generosidad, porque “hay más dicha en dar que en recibir”.  Se discierne para reconocer “cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y eso implica estar dispuestos a renuncias hasta darlo todo”, siguiendo la lógica de la cruz. Quiere el Papa Francisco que María corone estas reflexiones. Ella es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Y espera que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad.

Queridos Caballeros y Damas: Pidamos al Espíritu Santo que infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y difundamos la llamada universal a la santidad.

Os deseo un santo y feliz año 2019.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.