MEDITACIÓN MES DE FEBRERO 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de FEBRERO, comenzamos meditando las catequesis del Papa Francisco sobre los mandamientos de la Ley de Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Comienza el Santo Padre inspirándose en el encuentro de Jesús con aquel joven que, arrodillado, le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Mc 10, 17-21). Comenta el Papa: “en aquella pregunta está el desafío de cada existencia, también el nuestro: el deseo de una vida plena, infinita. Pero, ¿cómo hacer para llegar? ¿Qué sendero recorrer? Vivir de verdad, vivir una existencia noble… Cuántos jóvenes buscan “vivir” y después se destruyen yendo tras cosas efímeras”.

Al decir del Papa, “nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por serios y dramáticos que sean”. El  peligro más grande es “la mediocridad o la pusilanimidad”. Una persona mediocre no crece, no tendrá éxito. Los mediocres van tirando. Nos pide el Papa “mansedumbre, fuerza y nada de pusilanimidad”.

La pregunta de aquel joven “está dentro de cada uno de nosotros: ¿Cómo se encuentra la vida, la vida en abundancia, la felicidad? Jesús le dice: “Ya sabes los mandamientos” (v. 19). Responde el joven: “Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud” (v. 20).

Mirándolo bien, en la invitación final de Jesús no está la propuesta de la pobreza, sino de la riqueza verdadera: “Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme” (v. 21).

Las diez palabras empiezan así: “Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre” (Éxodo 20, 2). El Dios de Israel primero salva, después pide confianza. Es decir: el Decálogo empieza por la generosidad de Dios. Dios es bueno,  nunca pide sin dar antes.  Primero da, después pide. Dios no es un extraño, es nuestro Padre,

Como dice San Josemaría: “Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. —Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado…  Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos”.

Nos dice Jesús: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros” (Juan 15, 9). Comenta Su Santidad: “Cristo es el amado por el Padre y nos ama con aquel amor… La vida cristiana es, ante todo, la respuesta agradecida a un Padre generoso. El fundamento de este deber es el amor de Dios el Padre, que primero da, después manda”.

Meditemos las palabras del Papa: “¡Ser cristiano es un viaje de liberación! Los mandamientos te liberan de tu egoísmo y te liberan porque está el amor de Dios, que te lleva adelante. La formación cristiana no está basada en la fuerza de voluntad, sino en la acogida de la salvación, en el dejarse amar… La gratitud es un rasgo característico del corazón visitado por el Espíritu Santo; para obedecer a Dios, primero debemos recordar sus beneficios”.

Con el Romano Pontífice, pensemos “¡cuántas cosas bellas ha hecho Dios por cada uno de nosotros! ¡Qué generoso es nuestro Padre Celestial! ¿Cuántas cosas hermosas ha hecho Dios por mí?”  Podría ocurrir, dice el Santo Padre, que tengamos “una espiritualidad de siervos y no de hijos”. ¿Qué hacer? Pedirle al Espíritu Santo que nos enseñe a vivir como hijos de Dios.

Queridos Caballeros y Damas: Pedimos con el Papa: “Señor, sálvame, Señor, enséñame tu camino, oh Señor acaríciame, Señor, dame un poco de alegría”. Pidamos “ser liberados del egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud”. “Hay muchas cosas que no están liberadas en nuestra alma. Sálvame, ayúdame, libérame. Dios espera ese grito porque puede y quiere romper nuestras cadenas; Dios no nos ha llamado a la vida para permanecer oprimidos, sino para ser libres y vivir en el agradecimiento, la obediencia a la alegría que nos ha dado tanto, infinitamente más de lo que podemos darle a Él. Es hermoso esto. ¡Que Dios sea siempre bendecido por todo lo que ha hecho, hace y hará por nosotros!”

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.