MEDITACIÓN MES DE MAYO 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de MAYO os invito a meditar la  Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual de 20 de abril de 2019.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Recuerda el Santo Padre que las mujeres llevan los aromas a la tumba, pero temen que el viaje sea en balde, porque una gran piedra sella la entrada al sepulcro. El camino de aquellas mujeres es también nuestro camino. En la historia de la Iglesia, y en la de cada uno, parece que el camino que se recorre nunca llega a la meta. De esta manera se puede ir deslizando la idea de que la frustración de la esperanza es la oscura ley de la vida.

En la Vigilia Pascual, descubrimos que nuestro camino no es en vano, que no termina delante de una piedra funeraria. “Una frase sacude a las mujeres y cambia la historia: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lc 24,5); ¿por qué pensáis que todo es inútil, que nadie puede remover vuestras piedras? ¿Por qué os entregáis a la resignación o al fracaso?”

Comenta el Santo Padre: La Pascua “es la fiesta de la remoción de las piedras. Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad. La historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la “piedra viva” (cf. 1 P 2,4): Jesús resucitado”. Llénate de esperanza. Seamos sembradores de esperanza.

Recuerda el Papa que nosotros “estamos fundados en Él,  incluso cuando nos desanimamos, cuando sentimos la tentación de juzgarlo todo en base a nuestros fracasos, Él viene para hacerlo todo nuevo, para remover nuestras decepciones… cada uno de nosotros está llamado a descubrir en el que está Vivo a aquél que remueve las piedras más pesadas del corazón”. Nos pregunta: ¿cuál es la piedra que tengo que remover en mí, cómo se llama esta piedra?

“A menudo, dice el Santo Padre, la esperanza se ve obstaculizada por la piedra de la desconfianza. Cuando se afianza la idea de que todo va mal y de que, en el peor de los casos, no termina nunca, llegamos a creer con resignación que la muerte es más fuerte que la vida y nos convertimos en personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento. Piedra sobre piedra, construimos dentro de nosotros un monumento a la insatisfacción, el sepulcro de la esperanza. Quejándonos de la vida, hacemos que la vida acabe siendo esclava de las quejas y espiritualmente enferma. Se va abriendo paso así una especie de psicología del sepulcro: todo termina allí, sin esperanza de salir con vida. Esta es la pregunta hiriente de la Pascua: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

Escuchemos a Su Santidad: “El Señor no vive en la resignación. Ha resucitado, no está allí; no lo busquéis donde nunca lo encontraréis: no es Dios de muertos, sino de vivos (cf. Mt 22,32). ¡No enterréis la esperanza!”

Otra piedra, que a menudo sella el corazón, es “la piedra del pecado. El pecado seduce, promete cosas fáciles e inmediatas, bienestar y éxito, pero luego deja dentro soledad y muerte. El pecado es buscar la vida entre los muertos, el sentido de la vida en las cosas que pasan. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” Decídete a dejar el pecado que impide que la luz divina entre. Pon a Jesús, “luz verdadera”, por encima del dinero, de la carrera, del orgullo y del placer. ¡Vive para el Señor de la vida!

Con su Palabra, el Señor nos llama “a alzarnos, a levantarnos de nuevo…  a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra; para las alturas de la vida, no para las bajezas de la muerte”. Miremos la vida con la mirada de Dios. Él “siempre ve en cada uno de nosotros un núcleo de belleza imborrable”.

En el pecado, “él ve hijos que hay que elevar de nuevo; en la muerte, hermanos para resucitar; en la desolación, corazones para consolar. No tengas miedo… el Señor ama tu vida, incluso cuando tienes miedo de mirarla y vivirla. En Pascua te muestra cuánto te ama”. Te dice: “No estás solo, confía en mí”. Con Cristo podemos cumplir la Pascua: el paso de la cerrazón a la comunión, de la desolación al consuelo, del miedo a la confianza. “Miremos a Jesús resucitado: su mirada nos infunde esperanza, porque nos dice que siempre somos amados”.

 Queridas Damas y Caballeros: ¡Contemplemos a Jesús Resucitado!

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.