MEDITACIÓN MES DE JUNIO 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de JUNIO os invito a meditar la  catequesis del Papa Francisco, en la Audiencia del 29 de mayo de 2019, en la que inicia un recorrido  a través del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas evangelista, nos habla, “del viaje del Evangelio por el mundo y nos muestra la maravillosa unión entre la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que inaugura el tiempo de la evangelización”. Los protagonistas son la Palabra y el Espíritu.

Dios “manda a la tierra su mensaje” y “su palabra corre veloz” (Salmo 147,15). Comenta el Papa: “La Palabra de Dios corre, es dinámica, riega todo terreno en el que cae”. La palabra humana se vuelve eficaz gracias al Espíritu Santo, que es la fuerza de Dios. El Espíritu Santo tiene el poder de purificar la palabra, de hacerla portadora de vida.

Pregunta el Santo Padre: ¿cuál es la diferencia entre la Biblia y un libro de historia? “Que las palabras de la Biblia son tomadas del Espíritu Santo que da una fuerza muy grande, una fuerza distinta y nos ayuda a que la palabra sea semilla de santidad, semilla de vida, sea eficaz”. Con  el Espíritu Santo “la palabra humana se vuelve dinámica, capaz de encender los corazones y de romper esquemas, resistencias y muros de división, abriendo vías nuevas y dilatando los confines del pueblo de Dios”.

Explica el Romano Pontífice: “El que da sonoridad vibrante e incisiva a nuestra palabra humana tan frágil… es solo el Espíritu Santo, por medio del cual el Hijo de Dios fue engendrado; el Espíritu que lo ungió y sostuvo en la misión; el Espíritu gracias al cual eligió a sus apóstoles y que garantizó a su anuncio la perseverancia y la fecundidad, como las garantiza también hoy a nuestro anuncio”.

San Lucas nos dice que Jesús “después de haber padecido, se presentó vivo… hablándoles acerca del reino de Dios” (Hch 1,3). Jesús Resucitado “realiza gestos humanísimos, como compartir la comida con los suyos, y los invita a vivir confiados a la espera del cumplimiento de la promesa del Padre: “seréis bautizados en el Espíritu Santo” (Hch 1,5).

El bautismo en el Espíritu Santo nos permite “entrar en comunión personal con Dios y participar en su voluntad salvadora universal, adquiriendo el valor, la capacidad de pronunciar una palabra “como hijos de Dios”, una palabra límpida, libre, eficaz, llena de amor por Cristo y por los hermanos”.

No hay que luchar “para ganarse o merecer el don de Dios. Todo es dado gratuitamente y a su tiempo. El Señor da todo gratuitamente. La salvación no se compra, no se paga: es un don gratuito”. Jesús responde a los suyos: “No es cosa vuestra conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder; sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,7-8).

Se suele denominar a los hechos de los Apóstoles el “Evangelio del Espíritu Santo”. Esto es verdad en parte  porque ciertamente el Espíritu Santo es el protagonista principal  del Libro de los Hechos, sin embargo, no se habla del Espíritu Santo en sí mismo, sino en cuanto que  se derrama en la Iglesia, actúa en ella y la impulsa a dar testimonio de Cristo hasta los confines de la tierra. Podemos decir que el personaje protagonista de los Hechos es la Iglesia, constituida por la efusión del Espíritu Santo y alentada e impulsada por Él en cada momento.

En Los Hechos hay una Buena Noticia acerca de la Iglesia. La Iglesia es, por la fuerza del Espíritu Santo, prolongación de la vida y de la misión de Jesús. Los Hechos no son sólo un libro histórico, que nos relata lo que aconteció en los orígenes de la Iglesia. Son ante todo un libro teológico, que nos presenta la identidad de la Iglesia, lo que la Iglesia es constitutivamente, aquellos rasgos sin los cuales ya no sería la Iglesia de Jesucristo.

Queridas Damas y Caballeros,  abramos el  corazón al don del Espíritu Santo, para que nos guíe,  nos eduque en la lógica del Evangelio, la lógica del amor acogedor, “enseñándonos todo” y “recordándonos todo lo que el Señor nos dijo”.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.