MEDITACIÓN MES DE AGOSTO Y SEPTIEMBRE 2019

Queridas Damas y Caballeros:

En los meses  de Agosto y Septiembre os invito a meditar las palabras del Papa en la Audiencia de 12 de junio de 2019 sobre los Hechos de los Apóstoles.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

El libro de los Hechos de los Apóstoles muestra, dice el Papa, “el viaje del Evangelio, cómo el Evangelio ha ido más allá, y más allá, y más allá. Todo comienza a partir de la resurrección de Cristo”. La Resurrección de Cristo “no es un evento entre otros, sino la fuente de una nueva vida. Los discípulos lo saben y, obedientes al mandato de Jesús, permanecen unidos, concordes y perseverantes en la oración. Se reúnen en torno a María, la Madre, y se preparan para recibir la potencia de Dios no de manera pasiva, sino consolidando la comunión entre ellos”.

“Esa primera comunidad estaba formada por 120 hermanos y hermanas, más o menos… Pero ahora, después de los dolorosos eventos de la Pasión, los apóstoles del Señor, ya no son doce, sino once. Uno de ellos, Judas, ya no está allí: se había quitado la vida aplastado por el remordimiento. Ya había comenzado antes a separarse de la comunión con el Señor y con los demás, a hacer las cosas solo, a aislarse, a aferrarse al dinero hasta el punto de instrumentalizar a los pobres, a perder de vista el horizonte de la gratuidad y de la entrega hasta permitir que el virus del orgullo infectase su mente y su corazón, transformándolo de “amigo” en enemigo y en “guía de los que prendieron a Jesús. Judas había recibido la gran gracia de formar parte del grupo de amigos íntimos de Jesús y de participar en su propio ministerio, pero en un momento dado… dejó  de  pertenecer a Jesús con su corazón y se colocó fuera de la comunión con Él y con los suyos. Dejó de ser su discípulo y lo vendió”.

Judas prefirió la muerte a la vida y siguió el ejemplo de los impíos. Los once eligieron la vida y la bendición, se hicieron responsables de sacar adelante la Iglesia.

San Lucas muestra que ante el abandono de uno de los doce, que creó una herida en el cuerpo de la comunidad, es necesario que su puesto pase a otro. “Pedro indica el requisito: el nuevo miembro debe haber sido un discípulo de Jesús desde el principio, es decir, desde el bautismo en el Jordán hasta el final, o sea, hasta la ascensión al Cielo. El grupo de los doce necesita ser reconstituido. En este momento se inaugura la praxis del discernimiento comunitario, que consiste en ver la realidad con los ojos de Dios, en la perspectiva de la unidad y la comunión”.

La comunidad se pone en oración: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido, para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó. Y, a través de la suerte, el Señor indica a Matías que se une con los once”.  Comenta el Papa Francisco: “Así se reconstituye el cuerpo de los doce, signo de la comunión y la comunión supera las divisiones, el aislamiento, la mentalidad que absolutiza el espacio privado, un signo de que la comunión es el primer testimonio que ofrecen los Apóstoles. Jesús lo había dicho: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”.

Los doce “son los testigos acreditados de la obra de salvación de Cristo y, a través de la gracia de la unidad, hacen que surja un Otro que ahora vive de una manera nueva entre su pueblo. ¿Y quién es este? Es el Señor Jesús. Los apóstoles eligen vivir bajo el señorío del Resucitado en la unidad entre los hermanos, que se convierte en la única atmósfera posible del auténtico don de sí mismo”.

Nos anima el Romano Pontífice: “También nosotros debemos redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado sin ceder a la mediocridad. La reunificación del Colegio apostólico muestra cómo en el ADN de la comunidad cristiana hay unidad y libertad de uno mismo, que nos permite no tener miedo de la diversidad, no apegarnos a cosas y dones y convertirnos en testigos luminosos del Dios vivo y operativos en la historia”.

Queridas Damas y Caballeros: Vivamos bajo el señorío de Cristo, como testigos luminosos de su Resurrección.

 Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.