MEDITACIÓN MES DE JULIO 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de JULIO os invito a meditar la Homilía del Papa Francisco, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo del 29 de junio de 2019.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Recordó el Santo Padre que los apóstoles Pedro y Pablo están ante nosotros “como testigos. No se cansaron nunca de anunciar, de vivir en misión, en camino, desde la tierra de Jesús hasta Roma. Aquí dieron testimonio de Él, hasta el final, entregando su vida como mártires. Si vamos a las raíces de su testimonio, los descubrimos como testigos de vida, testigos de perdón y testigos de Jesús”.

Comenta el Papa estos tres puntos: 1. Testigos de vida. 2. Testigos de perdón. 3. Testigos de Jesús.

1. Testigos de vida. Sus vidas no fueron cristalinas y lineales. Cometieron “grandes equivocaciones: Pedro llegó a negar al Señor, Pablo persiguió a la Iglesia de Dios”. Jesús preguntó a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” y a Pablo: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”

 Jesús los llamó por su nombre y cambió sus vidas. Confió en ellos, dos pecadores arrepentidos. Podríamos preguntarnos, dice el Romano Pontífice, “¿Por qué el Señor no nos dio como testigos a dos personas irreprochables, con un pasado limpio y una vida inmaculada? ¿Por qué Pedro, y no Juan? ¿Por qué Pablo y no Bernabé?”

En todo esto el Señor nos da una gran enseñanza: “El punto de partida de la vida cristiana no está en el ser dignos; con aquellos que se creían buenos, el Señor no pudo hacer mucho”.

Comenta Papa Francisco: “Cuando nos consideramos mejores que los demás, es el principio del fin. Porque el Señor no hace milagros con quien se cree justo, sino con quien se reconoce necesitado. Él no se siente atraído por nuestra capacidad, no nos ama por esto”. “Dios nos ama como somos. Busca personas que no sean autosuficientes, sino que estén dispuestas a abrirle sus corazones. Pedro y Pablo eran así, transparentes ante Dios”. Pedro le dijo a Jesús: “Soy un pecador”. Pablo escribió que él era “el menor de los apóstoles”, no era digno de ser llamado apóstol”. “Mantuvieron durante su vida esta humildad, hasta el final”. Comprendieron que la santidad no consiste en enaltecerse, sino en abajarse. El secreto que los sostuvo en sus debilidades fue el perdón del Señor”.

2. Testigos de perdón. “En sus caídas descubrieron el poder de la misericordia del Señor, que los regeneró. En su perdón encontraron una paz y una alegría irreprimibles”. Se encontraron “con un amor más grande que sus fracasos, con un perdón tan fuerte como para curar sus sentimientos de culpa. Sólo cuando experimentamos el perdón de Dios renacemos de verdad. Es el perdón el que nos permite comenzar de nuevo; allí nos encontramos con nosotros mismos: en la confesión de nuestros pecados”.

3. Testigos de Jesús. Pedro y Pablo son ante todo testigos de Jesús.  Ante la pregunta de Jesús: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Pedro responde: “Tú eres el Cristo”, el Mesías, el Esperado, la novedad, “el que trae al mundo la unción de Dios. Jesús no es el pasado, sino el presente y el futuro”.

Para el testigo, afirma el Papa, “Jesús es más que un personaje histórico, es la persona de la vida: es lo nuevo, no lo ya visto; es la novedad del futuro, no un recuerdo del pasado”.

Explica el Santo Padre: “un testigo no es quien conoce la historia de Jesús, sino el que vive una historia de amor con Jesús”. El testigo “lo único que anuncia es que Jesús está vivo y es el secreto de la vida”.

El testimonio nace del encuentro con Jesús vivo. También en el centro de la vida de Pablo encontramos la misma palabra que rebosa del corazón de Pedro: Cristo”. Para  Pablo, “Cristo no es sólo el modelo, el ejemplo, el punto de referencia, sino la vida. Escribe: “Para mí la vida es Cristo”, “hasta el punto de que juzga el pasado como basura ante la sublimidad del conocimiento de Cristo”.

Queridas Damas y Caballeros, no seamos cristianos tibios. Que Jesús sea el centro de nuestra vida. Seamos testigos vivos de Jesús.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.