MEDITACIÓN MES DE SEPTIEMBRE 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes  de Septiembre os invito a meditar las palabras del Papa en la Audiencia del 19 de junio de 2019 sobre los Hechos de los Apóstoles.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Cincuenta días después de la Pascua, en el cenáculo, y con la presencia de María, madre del Señor, los Apóstoles, reunidos en oración, esperan la venida del Espíritu Santo. La oración, comenta el Papa Francisco, “es el “pulmón” que hace respirar a los discípulos de todos los tiempos; sin oración no se puede ser discípulo de Jesús; sin oración no podemos ser cristianos. La oración es el aire, es el pulmón de la vida cristiana”.

Reunidos en oración, con María, los Apóstoles “son sorprendidos por la irrupción de Dios… De repente, viene desde el cielo, “un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa en la que se encontraban”. Seamos hombres y mujeres de oración.

Al viento, después, se agrega el fuego. Comenta el Santo Padre: “el fuego expresa simbólicamente su obra de calentar, iluminar y probar los corazones, su cuidado en probar la resistencia de los trabajos humanos, en purificarlos y revitalizarlos. Mientras que en el Sinaí se escucha la voz de Dios, en Jerusalén, en la fiesta de Pentecostés, es Pedro quien habla, la roca sobre la cual Cristo ha elegido edificar su Iglesia. Su palabra, débil e incluso capaz de negar al Señor, atravesada por el fuego del Espíritu toma fuerza, se vuelve capaz de atravesar los corazones y moverlos hacia la conversión. En efecto, Dios elige lo que en el mundo es débil para confundir a los fuertes”.

La Iglesia nace del fuego del amor y de un “incendio” que se propaga en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado imbuida del Espíritu Santo. La Alianza nueva y definitiva se funda en la acción del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas.

La palabra de los Apóstoles se impregna del Espíritu del Resucitado y se convierte en una palabra nueva, diferente, que puede entenderse en todos los idiomas: “la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua”. Comenta el Papa: “Es el lenguaje de la verdad y del amor, que es la lengua universal: incluso los analfabetos pueden entenderla. Todos entienden el lenguaje de la verdad y del amor. Si vas con la verdad en el corazón, con la sinceridad, y vas con amor, te entenderán todos”.

Entremos en la escuela del Espíritu Santo. En palabras del Santo Padre:El Espíritu Santo es el artífice de la comunión, es el artista de la reconciliación que sabe eliminar las barreras entre los judíos y los griegos, entre los esclavos y los libres, para formar un solo cuerpo. Él edifica la comunidad de los creyentes armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de los miembros. Hace que la Iglesia crezca ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo”.

Prosigue el Papa Francisco: “La maravilla es muy grande, y algunos se preguntan si aquellos hombres están borrachos…. Los seguidores de Jesús no están borrachos, sino que viven lo que San Ambrosio llama “la sobria embriaguez del Espíritu”, que enciende entre el pueblo de Dios la profecía a través de sueños y visiones. Este don profético no está reservado solo a algunos, sino a todos aquellos que invocan el nombre del Señor”.

Desde aquel momento, “el Espíritu de Dios mueve los corazones para recibir la salvación que pasa por una persona, Jesucristo, aquel a quien los hombres clavaron en el madero de la cruz y a quien Dios resucitó de entre los muertos”. El Espíritu Santo “orquesta la polifonía de alabanza, que todos pueden escuchar”. “Dios nos seduce con su Amor y así nos involucra para mover la historia… solo el Espíritu de Dios tiene el poder de humanizar y fraternizar todo”.

Queridas Damas y Caballeros, pidamos al Señor que  se realice en la Iglesia un nuevo Pentecostés, “que ensanche nuestros corazones y armonice nuestros sentimientos con los de Cristo”, que con don de lenguas  anunciemos el Evangelio.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.