MEDITACIÓN MES DE OCTUBRE 2019

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de Octubre, os invito a meditar en el “Mes Misionero Extraordinario” convocado por el Papa Francisco al cumplirse 100 años de la Carta Apostólica Maximum Illud del Papa Benedicto XV.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

 El Santo Padre quiere “despertar la conciencia de la misión ad gentes y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de todos los bautizados de proclamar el Evangelio”.

Exhorta a todos a vivir la alegría de la misión testimoniando el Evangelio en los ambientes en los que cada uno vive y trabaja; y recuerda que  “estamos llamados a sostener con el afecto, la ayuda concreta y la oración a los misioneros que han partido para anunciar a Cristo a cuantos aún no lo conocen”. Promueve este Mes Misionero Extraordinario, “con el fin de alimentar el ardor de la actividad evangelizadora de la Iglesia”, confiando a la intercesión de San Juan Pablo II, Papa misionero, la misión de la Iglesia en el mundo.

El Papa Benedicto XV comprendió la necesidad de dar una impronta evangélica a la misión en el mundo. Escribió “el anuncio y la caridad del Señor Jesús, que se difunden con la santidad de vida y las buenas obras, son la única razón de la misión”.

Dice el Papa Francisco: “Benedicto XV dio un gran impulso a la misión ad gentes, proponiéndose despertar la conciencia del deber misionero, especialmente entre los sacerdotes. Esto responde  a la perenne invitación de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). Cumplir con este mandato del Señor no es algo secundario para la Iglesia; es una “tarea ineludible”, como recordó el Concilio Vaticano II, ya que la Iglesia esmisionera por su propia naturaleza”.

San Pablo VI, en Evangelii nuntiandi, afirma: “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”.

En palabras del Vaticano II: “La Iglesia debe caminar, por moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo siguió, es decir, por el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí mismo”, para que pueda transmitir realmente al Señor, “modelo de esta humanidad renovada, llena de amor fraterno, de sinceridad y de espíritu pacífico, a la que todos aspiran”.

La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos, “sabe que tiene que llevar a cabo todavía una ingente labor misionera”. San Juan Pablo II observó que “la misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse”, “esta misión se halla todavía en los comienzos y debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio”. Y exhortó a la Iglesia a un “renovado compromiso misionero”, convencido de que la misiónrenueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal”.

El Papa Francisco,  en Evangelii gaudium, presenta a la Iglesia esta urgente vocación: “Juan Pablo II nos invitó a reconocer que “es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio” a los que están alejados de Cristo, “porque esta es la tarea primordial de la Iglesia”. La actividad misionera “representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia”, “la causa misionera debe ser la primera”.

Queridos Caballeros y Damas, pedimos al Espíritu Santo, por medio de Nuestra Señora del Pilar, que “el mes misionero extraordinario sea un tiempo de gracia para promover iniciativas e intensificar de manera especial la oración —alma de toda misión—, el anuncio del Evangelio, la reflexión bíblica y teológica sobre la misión, las obras de caridad cristiana y las acciones concretas de colaboración y de solidaridad, de modo que se avive el entusiasmo misionero y toda la Iglesia viva en un “estado permanente de misión”.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.