MEDITACIÓN MES DE DICIEMBRE 2019

Queridas Damas y Caballeros:

En el mes de diciembre, os invito a meditar la homilía del 25 de noviembre, del Papa Francisco, en su viaje a Tailandia y Japón.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

El Santo Padre habló del “Sermón de la montaña”, que nos describe la belleza del camino que estamos invitados a transitar. Según la Biblia, la montaña es el lugar donde Dios se manifiesta y se da a conocer. Dijo el Señor a Moisés, y nos lo dice a Damas y Caballeros: “Sube hacia mí” (Ex 24,1). En esta montaña, la cima no se alcanza con voluntarismo, sino  con la atenta, paciente y delicada escucha del Maestro.

En palabras del Papa, “la cima se hace llanura para regalarnos una perspectiva siempre nueva, centrada en la compasión del Padre. En Jesús encontramos la cima de lo que significa ser humanos y nos muestra el camino que nos conduce a la plenitud”. En Jesús encontramos una vida nueva, experimentamos la libertad de sabernos hijos amados de Dios.

Advierte el Santo Padre que esa libertad de hijos puede verse “asfixiada y debilitada cuando quedamos encerrados en el círculo vicioso de la ansiedad y la competitividad, o cuando concentramos toda nuestra atención y mejores energías en la búsqueda sofocante y frenética de productividad y consumismo… ¡Cuánto oprime y encadena al alma el afán de creer que todo puede ser producido, todo conquistado y todo controlado!”

Hoy día, “no son pocas las personas incapaces de comprender el significado de la vida y de su propia existencia. El hogar, la escuela y la comunidad, destinados a ser lugares donde cada uno apoya y ayuda a los demás, están siendo cada vez más deteriorados… Muchas personas se sienten confundidas e intranquilas, están abrumadas por demasiadas exigencias y preocupaciones que les quitan la paz y el equilibrio”.

Como bálsamo reparador suenan las palabras del Señor a no inquietarnos, a confiar: “No estéis agobiados por vuestra vida… No os agobiéis por el mañana” (cf. Mt 6,25.31.34). Esto no es una invitación a desentendernos de lo que pasa a nuestro alrededor o volvernos irresponsables de nuestras ocupaciones y responsabilidades diarias, sino una invitación a “Buscar sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo lo demás se nos dará por añadidura” (Mt 6,33).

Advierte el Romano Pontífice: El Señor no nos dice que las necesidades básicas, como la comida y la ropa, no sean importantes, sino que nos invita a reconsiderar nuestras opciones cotidianas para no quedar atrapados en la búsqueda del éxito a cualquier costo, incluso de la propia vida. Las actitudes mundanas que buscan y persiguen sólo el propio rédito o beneficio en este mundo, y el egoísmo que pretende la felicidad individual, nos hacen infelices y esclavos, además de obstaculizar el desarrollo de una sociedad verdaderamente armoniosa y humana.

El Señor nos recuerda que necesitamos  hacer que nuestra vida sea dádiva, y aceptar nuestra libertad como gracia. La Biblia nos recuerda que nuestro mundo, lleno de vida y belleza, es ante todo un regalo maravilloso del Creador: “Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gn 1,31). Esta belleza y bondad se nos ofrece para que podamos compartirla y ofrecérsela a los demás, no como dueños o propietarios, sino como partícipes de un mismo sueño creador. “El auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (Carta enc. Laudato si’, 70).

Estamos invitados a proteger y recibir  toda vida, y testimoniar, con sabiduría y coraje, un estilo marcado por la gratuidad y la compasión, la generosidad y la escucha.

Recuerda el Papa: Jesús abrazó al leproso, al ciego, al paralítico, abrazó al fariseo y al pecador. Abrazó al ladrón en la cruz e inclusive abrazó y perdonó a quienes lo estaban crucificando. El anuncio del Evangelio de la Vida exige que nos convirtamos en un hospital de campaña, preparado para curar las heridas y ofrecer siempre un camino de reconciliación y de perdón.

Damas y Caballeros,  seamos misericordiosos como el Padre.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.