MEDITACIÓN DICIEMBRE 2017

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de diciembre, meditamos el Mensaje del Papa Francisco para la Primera Jornada Mundial de los pobres, en la que nos invita a amar no de palabra sino con obras.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

1. Comienza el mensaje con las palabras de 1 Jn 3,18: “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”.  Estas palabras de San Juan  son “un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. El amor no admite excusas”. Si queremos amar como Jesús, hemos de hacer nuestro su ejemplo; “especialmente cuando se trata de amar a los pobres”. Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

2. El servicio a los más pobres es uno de los signos de la primitiva comunidad cristiana. Los primeros cristianos comprendieron que la vida de los discípulos de Jesús  tenía que manifestarse en fraternidad y solidaridad  siguiendo las enseñanzas del Maestro, que proclamó a los pobres bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

Los primeros cristianos “vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno” (Hch 2,45).  El apóstol Santiago escribe en su carta: “Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [...] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta” (2,5-6.14-17).

3. Queridas Damas y Caballeros: No nos dejemos contaminar por la mentalidad mundana, tratemos de servir a nuestros hermanos más pobres.

Comenta el Santo Padre: “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: “Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez” (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

“Estamos llamados a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”.

4. La pobreza “es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad… La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Damas y Caballeros: Pedimos a la Virgen que nos ayude a mirar con la mirada de Jesús y a reconocerlo y servirlo en los pobres.

Feliz y santa navidad para vosotros y vuestras familias.

Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José