MEDITACIÓN ENERO 2018

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de enero, os propongo meditar el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz del 1 de  enero de 2018.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

El Papa Francisco comienza su Mensaje para la Jornada de la Paz de 2018 con un  deseo de paz para todas las personas y todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad. Paz, aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de los que más sufren por su ausencia, y a los que el Santo Padre tiene  presentes en su recuerdo y en su oración.

Abracemos con espíritu de misericordia  “a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”. “No es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Hay que trabajar mucho”. Contemplemos a los emigrantes “con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz”.

Los emigrantes y las poblaciones que los acogen “forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia” (Benedicto XVI,  en el Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2011).

Necesitamos ver la ciudad donde vivimos con una mirada contemplativa, “una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia” (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 71).

Los migrantes “no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes”.

Propone el Papa Francisco cuatro piedras angulares para la acción: acoger, proteger, promover e integrar.

Acoger”. La Escritura nos recuerda: “No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Hb 13,2).

Proteger”. Dios no hace discriminación: “El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 146,9).

Promover”. La Biblia nos enseña que Dios “ama al emigrante, dándole pan y vestido”; por eso nos exhorta: “Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto” (Dt 10,18-19).

Integrar”. Escribe san Pablo: “Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios” (Ef 2,19).

Queridas Damas y Caballeros, con el Papa Francisco pidamos al Señor que nos conceda experimentar que los “frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz”.

Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde en este nuevo año 2018.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.