MEDITACIÓN FEBRERO 2018

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de febrero, os invito a meditar el Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de 2018.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Para prepararnos a la Pascua,  Dios providente nos ofrece cada año la Cuaresma.  Aprovechemos este tiempo de gracia, Damas y Caballeros,  para  volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Con el mensaje de Cuaresma,  desea el Papa ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; lo hace inspirándose en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo, 24, 12: “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”. Jesús anuncia una gran tribulación. “Algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio”.

Al decir del Papa, los falsos profetas son como “encantadores de serpientes”, “se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”.

Otros falsos profetas son esos “charlatanes” que  proponen remedios completamente inútiles. A cuántos  jóvenes se les ofrece “el falso remedio de la droga, de unas relaciones de “usar y tirar”, “de ganancias fáciles pero deshonestas”.  “Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”. Desde siempre, “el demonio, que es “mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”.

Nos anima el Santo Padre a “discernir y a examinar” si nos sentimos amenazados por las mentiras de esos falsos profetas.

Pregunta el Papa: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, “raíz de todos los males” (1 Tm 6,10); el rechazo de Dios, no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos”.  “Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras “certezas”: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.

“También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte”.

Señales evidentes de la falta de amor son: “la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero” (cf. EG, 76-109).

¿Qué podemos hacer? La Iglesia, madre y maestra, “además de la medicina de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno”.

La oración nos ayuda a crecer en amistad con Jesucristo. La limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano. El ayuno debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer en el seguimiento de Jesucristo.

Damas y Caballeros: Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.