MEDITACIÓN NOVIEMBRE 2017

MES DE NOVIEMBRE 2017

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de noviembre, seguimos meditando la Exhortación “La alegría del Evangelio” del Papa Francisco, en la que nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

5. El Evangelio invita insistentemente a la alegría. Recordáis el saludo del ángel a María: “Alégrate” (Lc 1,28). En la visita de María a Isabel, Juan Bautista salta de alegría en el seno de su madre (Lc 1,41). En su canto, María proclama: “se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador” (Lc 1,47). Al comenzar Jesús su ministerio, Juan Bautista exclama: “mi alegría ha llegado a su plenitud” (Jn 3,29). Jesús “se llenó de alegría en el Espíritu Santo” (Lc 10,21).  Y nos dice estas cosas para que su alegría esté en nosotros y nuestra alegría sea plena  (Jn 15,11).

Comenta Papa Francisco: “Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante”. Jesús promete a los discípulos: “Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría” (Jn 16,20). E insiste: “Volveré a veros,  se alegrará vuestro corazón, y nadie os podrá quitar vuestra alegría” (Jn 16,22). Los discípulos, al verlo resucitado, “se alegraron” (Jn 20,20).

 Los Hechos de los Apóstoles cuentan que la primera comunidad  “tomaba el alimento con alegría” (2,46). Por donde los discípulos pasaban, había “una gran alegría” (8,8), y, en medio de la persecución, “se llenaban de gozo” (13,52). Un eunuco, una vez bautizado, “siguió gozoso su camino” (8,39), y el carcelero “se alegró con toda su familia por haber creído en Dios” (16,34).

Damas y Caballeros, como los primeros cristianos, seamos sembradores de alegría.

6. “Hay cristianos, dice el Papa,  cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. Comprende a quienes tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, “pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias”.

7. La “sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría”.  Comenta el Romano Pontífice que  los gozos más bellos y espontáneos que ha visto en sus años de vida “son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse”. Recuerda “la genuina alegría de aquellos que, aun en medio de grandes compromisos profesionales, han sabido conservar un corazón creyente, desprendido y sencillo. De maneras variadas, esas alegrías beben en la fuente del amor siempre más grande de Dios que se nos manifestó en Jesucristo”.

 No se cansará de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

8. Sólo gracias al encuentro, o reencuentro, con el amor de Dios, “que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad”.

 Llegamos a ser plenamente humanos  “cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora”. Si alguien ha acogido el amor  de Dios, que le devuelve el sentido de la vida, no puede contener el deseo de comunicarlo a otros.

Damas y Caballeros, sintamos la urgencia de anunciar el amor de Dios; la dulce y confortadora alegría de evangelizar.

9. El bien siempre tiende a comunicarse. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Recordáis las palabras de san Pablo: “El amor de Cristo nos apremia” (2 Co 5,14). “¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!” (1 Co 9,16).

Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.