MEDITACIÓN OCTUBRE 2017

MES DE OCTUBRE 2017

Queridas Damas y Caballeros, en el mes de octubre, y a lo largo de este curso, os invito a meditar la Exhortación “La alegría del Evangelio” del Papa Francisco, en la que nos invita a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría, e indica caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

1. La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. Alegría que se renueva y se comunica.

2. El gran riesgo del mundo actual es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Muchos se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado.

3. Papa Francisco invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar  su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque, como dice el Beato Pablo VI en la Exhortación  “Gaudete in Domino”, n. 297, “nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor”.

Cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”.

No olvidemos las palabras del Papa: “Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar “setenta veces siete” (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete”. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. Nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!

4. El Antiguo Testamento anuncia la alegría de la salvación, que se volvería desbordante en los tiempos mesiánicos. Isaías saluda con regocijo  al Mesías esperado: “Tú multiplicaste la alegría, acrecentaste el gozo” (9,2). Y anima a los habitantes de Sión a recibirlo entre cantos: “¡Dad gritos de gozo y de júbilo!” (12,6). A quien ya lo ha visto en el horizonte, el profeta lo invita a convertirse en mensajero para los demás: “Súbete a un alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusalén” (40,9). La creación entera participa de esta alegría de la salvación: “¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! ¡Prorrumpid, montes, en cantos de alegría! Porque el Señor ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido” (49,13). Zacarías, viendo el día del Señor, invita a dar vítores al Rey que llega “pobre y montado en un borrico”: “¡Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalén, que viene a ti tu Rey, justo y victorioso!” (9,9). El profeta Sofonías muestra a Dios como un centro luminoso de fiesta y de alegría: “Tu Dios está en medio de ti, poderoso salvador. Él exulta de gozo por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo” (3,17).

Damas, Caballeros, como respuesta al amor de Dios, vivamos la alegría en las pequeñas cosas de la vida cotidiana.

Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos guarde.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.